lunes 12 de noviembre de 2007

Shame of the nation.

Tan sólo un pequeño comentario acerca de lo sucedido estos últimos días en Madrid:

Reitero todo lo dicho en la entrada anterior, y lo aplico a nuestra población. La falta de educación crea mandriles mongoloides.

viernes 9 de noviembre de 2007

Defendiendo plazas.

No hace mucho que se produjeron las declaraciones del Dr. James D. Watson en las que vinculaba los rasgos raciales a la inteligencia. Estos comentarios, sin duda de carácter racista, han creado bastante revuelo en la comunidad científica.

En otro momento yo probablemente me hubiese mantenido indiferente: la mayor parte de los racistas que conozco lo son por ignorancia, e incapaces de presentar argumentos mínimamente sólidos con los que apoyar su razonamiento. No es que yo vaya a pretender que haya razones que legitimen el racismo, cosa que estoy muy lejos de defender. No obstante, en la actualidad tampoco me parece muy descabellado ser racista y tener sentido común - llamadlo escepticismo ante la verborrea pseudolibertaria de mis quince años, si queréis.

No obstante, las declaraciones de este notable científico me dejaron pensando. Imaginad cuánto he pensado al respecto, que no he decidido escribir sobre ello hasta que he tenido una opinión definitiva sobre el asunto.

Mi recepción de estos comentarios fue negativa. No ya porque no comparta el racismo, sino por el mero hecho de que el comentario científico debería aspirar a cambiar la sociedad, pero nunca enfrentarse directamente a ella. Tales muestras de indiferencia hacia la opinión pública atraen los fuegos del fundamentalismo, el fanatismo, la antiintelectualidad y la plaga de la "corrección política", pues el vulgo tiene su propia opinión en muy alta estima. Y sinceramente, no creo que esté la situación como para provocar una nueva era de desprecio a la razón.

No obstante, no podía evitar preguntarme qué impulsaría a este ilustre señor a decir algo así... una persona de demostrada virtud intelectual debe tener alguna razón para creer que los humanos negroides son intelectualmente inferiores, independientemente de lo errada que pueda ser, ¿no? Además, es interesante remarcar que el Dr. Watson se sentía preocupado por el futuro de la población africana, luego su comentario no puede venir de una mera intención ofensiva.

Mi conclusión es que Watson probablemente habló desde una perspectiva anticuada (en los años 40, más allá de con quién estuviese en guerra, Estados Unidos todavía estaba lejos de erigirse en paladín de la igualdad de oportunidades) de un problema cuya verdadera naturaleza ha fracasado en aprehender, posiblemente condicionado por su trasfondo como notable geneticista.

Creo que Watson es consciente de un problema muy real, y es que hay regiones en el mundo que están en una situación francamente perturbadora y que, si bien pueden existir -y existen- intereses externos en el mantenimiento futuro de esta circunstancia, algo tiene que haber en los propios habitantes de estas regiones que les incapacite para al menos intentar mejorar su situación. Es imposible que todo un continente tan gigantesco como África no pueda plantar resistencia al egoísmo occidental sin que haya al menos un principio de voluntad servil por su parte - no ya de los individuos que habitan las naciones, sino de las estructuras que les rigen.

El problema en la óptica de Watson es que su balanza existencial está desequilibrada hacia el objeto de su afecto: los genes. No es nada malo - la subjetividad es humana. No es descabellado por tanto, desde su óptica alterada, pensar que la población negra padezca de una "maldición" genética que les haga incapaces de enfrentarse a la voluntad engañosa, embaucadora y retorcida del hombre blanco. No son necesariamente más tontos. ¿Quizá genéticamente ingenuos...?

Yo, particularmente, no comparto esto. La mayor parte de la neurociencia actual ya ha transcendido la época en la que los genes lo dictaban todo, y es en general un hecho convenido por el grueso de la comunidad científica que el desarrollo final de la psique humana está desconectado, en casi infinitos niveles de abstracción, del genoma. No me parece absolutamente imposible que los genes puedan provocar inferioridad intelectual en determinadas razas, pero de momento no se ha dado ninguna circunstancia que permita considerar esa tesis como válida. Y todas las pruebas experimentales apuntan a lo diametralmente opuesto.

Mi opinión, por tanto, coincide bastante más con la del Sr. Richard Dawkins, que no casualmente ya salió previamente en defensa del Dr. Watson contra el escarnio público (como podrán comprobar, Watson es todo un Relaciones Públicas de la comunidad científica...). Dawkins es particularmente conocido por haber iniciado el estudio de la teoría memética, y por haber establecido unas bases del desarrollo humano que transcienden la genética - esto es, la cultura como un elemento constitutivo de nuestra base biológica.

Puede sonar un tanto rancio defender que existan culturas superiores e inferiores. En efecto, es muy fácil aplicar este argumento a razones fanáticas y chauvinistas: las religiones en sí apelan frecuentemente a la superioridad de las formas de vivir que ellas "crean" para instar a sus creyentes a la agresión contra los infieles. No obstante, el argumento en sí, más allá de sus aplicaciones afortunadas o desafortunadas, no es ninguna tontería. Llevamos teniendo desde tiempos inmemoriales un concepto de "lo humano". Tanto en occidente como en oriente, pensadores de lo más variopinto llegaron a ideales universales a los que todo individuo debía aspirar. Quien renunciaba a ellos, o quien atentaba activamente contra ellos, era menos que humano: infahumano, animal, antisocial. Tan antiguo como el agua, el espacio, y el tiempo.

En la actualidad, apelamos a "la tolerancia entre culturas". Pero lo cierto es que no parecemos capaces de entender el significado de la cultura, en todas sus dimensiones. No sólo las catedrales, las pinturas, las lenguas, la ciencia o la literatura son cultura. La guerra, la violación, la tortura, la represión más sangrienta, la irracionalidad y el comportamiento más animal son también cultura. Apelar a la "tolerancia entre culturas" no es sólo pedir que toleremos que una niña musulmana pueda llevar su pañuelo en clase, cosa que francamente me trae sin cuidado y creo que debería depender íntegramente de las normas de conducta del colegio. Apelar a la "tolerancia entre culturas" significa respetar que en ciertos países se practique la mutilación sexual, que en otros sitios se considere normal masacrar a ciertos grupos de gente. La "tolerancia entre culturas" significa aceptar pretensiones etéreas como algo que legitime moralmente los asesinatos de ciertos individuos.

Dawkins ya comentó en su tiempo cómo era una tontería afirmar que la cultura islámica no tenía nada que ver con los atentados del 11 de septiembre de 2.001: más allá de las motivaciones políticas y la maquinaciones internacionales que pudiese haber tras el plan, la mano ejecutora actuó envalentonada y enceguecida por la ignorancia que promovía la cultura en la que fue educada.

Aplicado a África, esto significa que hay que acabar con el romanticismo de ciertos individuos que afirman la necesidad de "conservar las formas de cultura nativas". Las formas de cultura que prevalecen en África están causando un retraso insostenible, y fuerzan a los habitantes (biológicamente iguales que nosotros) a vivir como seres inferiores a humanos. El único modo de que estas gentes puedan tener una posibilidad de sobrevivir en el mismo mundo que nosotros es adoptar las formas de cultura que se han probado más eficaces en sobrevivir. La educación en una forma de vida a la altura del futuro es esencial. ¿Paternalismo colonialista? Probablemente. No olvidemos, sin embargo, que el paternalismo colonialista romano sacó a Iberia del canibalismo y un tribalismo casi animal, y que probablemente el vertiginoso ascenso de los países asiáticos en la balanza mundial no se hubiese dado sin el aprendizaje de siglos pasados bajo el dominio de blancos estúpidos.

En definitiva, Watson está equivocado: no debe preocuparse por los individuos, sino por la cultura que rige su día a día. Una cultura infrahumana hace personas infrahumanas. Y eso sólo se arregla con educación, y empezando ya a quitar un poco de importancia a la "libertad cultural". Al fin y al cabo, "libertad" es el mejor eufemismo para "negligencia".

¿Me he pasado? :3

miércoles 17 de octubre de 2007

"Nací para tumbarte en un lecho de rosas."

Vuelvo a vuestros brazos, con un poco de tardanza pero sin duda en bastante menos que lo que me llevó rumiar mi anterior entrada.

Me siento extrañamente bien, pese a que ninguno de mis problemas está resuelto - de hecho, estoy buscando trabajo de nuevo. El puesto anterior no terminaba de convencerme de cara a compatibilidad con mis estudios. Esta sensación positiva no me es nueva: hace ya tiempo que vengo sintiendo con cierta frecuencia lo que llamo una "feliz apatía". No se trata de la felicidad amarga del que asume la fatalidad sabiendo que al menos no es culpa suya, sino de un deliberado desdén por todos mis problemas reales. Me gustaría pensar que esto es como una suerte de terapia propia, una puesta a punto para fortalecerme ante los problemas que se amontonan ante mí y desintegrarlos en un solo golpe cuando haya vuelto a pleno funcionamiento. Realmente espero que así sea.

La escuela va, con sus mases y sus menos. Ya he aprendido a temer las clases de color y animación, en las que el arte se convierte en una lucha a muerte contrarreloj en la que está visto que, de momento, no estoy rindiendo demasiado. Cómic y dibujo son asignaturas a las que me he adaptado rápido, y dentro del nivel general de la clase me considero en una posición adecuada. Anatomía y escultura, las dos restantes y por las que sentía cierto pavor irracional antes de entrar en la escuela, se han revelado como asignaturas muy interesantes y con las que lo estoy pasando bastante bien, de momento.

Oigo bastantes quejas por la decisión de Valve Software respecto a la publicación de la gigantesca Orange Box, concretamente dos muy insistentes: la inclusión de Half Life 2 y Half Life 2: Episode 1 en el pack (comprensible para el jugador veterano), y la ausencia de doblaje al español en Half Life 2: Episode 2. Arriesgándome a un flaming colosal, alegaré ignorancia: pese a que sigo la evolución de la saga Half Life y de la tecnología Source con interés, mi falta de máquina suficiente para mover juegos muy sofisticados y de interés en shooters prima por encima de otros criterios. En cualquier caso, respecto a la inclusión de contenido redundante, creo que efectivamente no debe sentar bien haberse gastado dinero en un juego que acaban de relanzar con mejoras tecnológicas patentes. Pero al fin y al cabo, el juego del año 2004 -si no me equivoco- tenía el valor que tenía, y tiene el valor que tiene. Ahora el jugador no tiene los cincuenta euros del juego de entonces, sino los veinte a lo sumo que le pagarían por el actualmente. Y a fin de cuentas, incluir más contenido por menos precio (HL2 y HL2E1 salen básicamente gratis), especialmente cuando lo que se pretende es que los nuevos en la saga puedan disfrutar de ella con cierta integridad, nunca me va a parecer malo. Ya puestos en ese plan, qué puta Nintendo por sacar el Super Mario All Stars, o FX interactive por meter el Runaway original junto a su secuela. Yo que me compré el Super Mario World, tres mil pesetas a la basura.

Lo otro, el doblaje español (o mejor dicho, la ausencia del mismo)... pues era de esperar. Estamos en un mundo en el que los ciclos de desarrollo de más de tres años son mirados con sorna, y en el que publicadoras tan respetadas como Activision mutilan vilmente a potenciales joyas como Vampire: the Masquerade - Bloodlines para que el juego salga en navidad; práctica que cuenta cada vez más con el apoyo de un público descerebrado. Si se pretende que Valve saque de una vez HL2E2, TeamFortress 2 y Portal sin retrasos, es casi imposible permitirse el tiempo de localización más allá de la traducción de subtítulos. Y sí, vale que somos la tercera lengua más hablada del planeta, pero a ver si aprendemos un poquito de inglés. Al fin y al cabo no tenemos suficiente promoción de los desarrollos españoles como para justificar la presencia del idioma en el mercado de los videojuegos. Las cosas son como son. Si no participas en el juego, no esperes que te hagan reglas especiales...

Digo todo esto suponiendo que Alemania o Francia tampoco hayan recibido el juego con doblaje. Si lo han hecho, me retracto... pero sólo un poquito.

Y todos a leer o ver Monster, pero ya.

domingo 7 de octubre de 2007

Ah, the changing times! And the humanity!

Tras este largo intervalo de no actualización (y justo después de mi primera entrada, vamos bien...), vuelvo para divagar un poco sobre todo lo sucedido durante este período que he pasado de inactividad en el género del ensayo - género que comienzo a despreciar profundamente por razones que quizá deje para otra actualización (así ya iré con un tema preparado de antemano).

Muchas cosas han cambiado en el tiempo que he estado sin pasar por aquí. Vuelvo a ser estudiante, y lo que es más: comenzaré a trabajar en breve. Mis perspectivas son en realidad poco halagüeñas: me hallo ante un sombrío futuro con dos horas de vida para cada día de diario, y quizá demasiado cansancio para disfrutar las noches de fin de semana.

Pero esto es lo que hay: no puedo abandonarme eternamente al estilo de vida estático que he llevado estos últimos tiempos; y la tensión, los peligros y los nervios de la situación que se me avecina me hacen sentir más vivo que nunca. Cuanto menos tiempo me queda, más ideas tengo y mayor fuerza de voluntad para hacerlas realidad.

Actualmente me hallo estudiando un curso de creación gráfica en una escuela madrileña. Sólo llevo una semana ahí, pero por fortuna el ambiente es agradable: los profesores son simpáticos y ya he hecho migas con un par de compañeros. Empiezo en una ligera desventaja frente a otros compañeros: mi estilo de dibujo tiene un aspecto bastante primerizo comparado con algunos alumnos, pero lo cierto es que a cada día que pasa me siento más diestro con los lápices y con mayor voluntad de experimentar y crear cosas.

Por desgracia, mi trabajo -si bien en sí mismo tiene unas condiciones que me son bastante más satisfactorias que las del anterior puesto- unido a mis necesidades de sueño y mi horario de clases, deja mi franja de actividad libre en diario en un total de cuatro horas, en las que realmente estoy muy cansado como para poder dedicarme a cualquier otra cosa con una concentración adecuada. Veremos cuánto tiempo aguanto -o me aguantan- en el puesto actual, no sé.

Por supuesto, he tenido que despedirme ya de ciertas cosas. Una baja importante son las clases de japonés: nunca las tuve de una manera muy estable pero fueron muy divertidas y aprendí muchísimo con mi profesora, a la que echaré bastante de menos (¡un besazo!). Mis idas y venidas con mis compañeros de andadas en Marmotfish se verán bastante más limitadas, imagino. Dudo mucho que vaya a dejar de verles, sin duda - pero ya he tenido que anular mi presencia en ciertas actividades que hasta ahora había llevado a cabo con ellos de manera más o menos regular (para el tiempo que llevo colaborando con ellos).

Nuevos tiempos, nueva gente - o no tan nueva. Conocidos a los que llevaba años -literalmente- sin ver o hablar por unas causas u otras, han aparecido de nuevo en mi vida con distintas consecuencias. Unos de cerca, otros de tan lejos como Hong Kong. No me parece bueno dejar de mantener contacto con gente, pero hay cierto placer inherente a ver cuánto cambian ciertas personas -las que me gustan- en relativamente poco tiempo. Es algo de lo que no me doy cuenta fácilmente cuando "convivo" con ellos y que me gusta apreciar. Me halaga asímismo que la gente que no me ha visto en mucho tiempo me encuentre cambiado: a mis ojos una persona inmutable es poco mejor que un cadáver. Hay alguna gente realmente nueva, como los dos o tres compañeros que he conocido en la escuela. No puedo decir mucho de ellos, salvo que son simpáticos y una compañía agradable a la hora de enfrentarse a los etéreos requerimientos de la creación artística (oh-là-là!).

Tantos cambios tan drásticos... pero creo que estaré a la altura de ellos. Me dejo cosas por comentar: me gustaría haberos hablado de cosas más etéreas o de videojuegos (Stranglehold es genial y los sietes de la prensa no hacen justicia a la sensación de puro poder que te invade en controlar a Chow Yun-Fat, empapándose de la sangre de sus enemigos y repitiendo el papel que iba en sus genes). Pero bueno, así habrá actualizaciones.

Quizá en otra semana, ¡quién sabe!

martes 28 de agosto de 2007

Una demostración.

Es obvio que el desprecio no nos lleva a ningún sitio. No es algo bueno. ¿Y eso por qué?

Os lo voy a demostrar. Generalmente, cuando a alguien se le da muy bien algo que todo el mundo aprecia y admira, esa persona es por extensión apreciada y admirada, y se convierte en un ganador.

A mí se me da bien despreciar. Lo hago instintiva y despiadadamente, empezando por el mero "no he visto esa película" a películas que probablemente sí he visto, simplemente por restarles relevancia. En cuanto diez personas alrededor de mí adoran algo, generalmente yo estoy dando pequeñas y sangrantes estocadas a ese objeto de su admiración. También lo hago bastante bien a gran escala - asesto puñaladas cargadas de veneno a colectivos enteros, incluso a muchos a los que supuestamente pertenezco. Sin embargo, yo todavía no me he tirado a la jefa de las animadoras ni he sido el rey del baile de graduación. Quelle horreur!

Como podéis ver, el desprecio no nos lleva a nada bueno como tal, o al menos según la concepción socrática del bien. Menos mal que uno tiene fantasías eróticas sobre recitar El Anticristo de Nietzsche desnudo delante de un montón de amazonas paramilitares nazis. (Ya hablaré sobre fantasías en otro momento...)

Cambiando de tema en forma (que no en fondo), voy a pasar a hablar de uno de mis temas favoritos: videojuegos.

¡Ha salido Bioshock! ¡El NINTENDO BIOSHOCK! Si tu hijo mira a la línea electromagnética del NINTENDO BIOSHOCK se endemoniará. Bromas aparte, Bioshock es grande. No he podido jugarlo (sólo he podido ver los primeros compases del juego, por fortuna corriendo en un equipo que lo llevaba al máximo de su configuración con mucha dignidad), pero es evidente que ahí hay un esfuerzo de producción difícil de ver en juegos no japoneses.

La crítica gamer en general parece bastante más apasionada que yo, en todo caso. Unos afirman que se trata por fin del legítimo heredero de la saga System Shock (despedazaré a esos blasfemos diciendo "L-look at you, iiinsect"), otros que es el mejor shooter de todos los tiempos, y otros que está muy por encima de Super Mario 64. De todo el cúmulo de despropósitos, el más divertido es -por supuesto- el último. Pero los analizaremos todos.

Yo esperaba similitudes tangenciales con System Shock, y las hay. Registras cosas para conseguir objetos, pirateas máquinas para que te ayuden, hay ciertas posibilidades de mejora del personaje, y tienes poderes (en este caso más bien dados por alteración genética que por capacidad psiónica). Pero no nos engañemos: todo orientado a matar enemigos más eficazmente. El sigilo no es en general una opción, y no existen soluciones no lineales a las situaciones individuales. La era de System Shock ha terminado, y por una razón simple: los derechos de esta saga los tiene Electronic Arts. Yo no contendré mi aliento para ver un System Shock III, o al menos uno bien hecho.

Bioshock es cuanto menos sorprendente como shooter. ¡No transcurre en la jodida Segunda Guerra Mundial! Sólo por eso se merecen ya un premio. Pero además tiene una semblanza de diseño: hay argumento, y los escenarios, enemigos y armas responden a él. Todo hecho con bastante gusto. Hay mensaje por todas partes, reflexiones sobre la deshumanización del capitalismo y todas esas cosas intelectuales. Y no estoy seguro de hasta qué punto es un defecto el que no disponga de multiplayer: nos ahorran otra secta. Pero sinceramente, no aporta nada al género en términos jugables. Y además ha habido recientemente shooters sin temática bélica igual de impresionantes: me preocupa en particular lo rápido que está olvidando la gente a Prey, su largo y tortuoso desarrollo y el excelente resultado en todos los sentidos.

Finalmente, está Super Mario 64. No voy a debatir si Super Mario 64 es el mejor videojuego de todos los tiempos o no - no me importa. Sé que es la base de casi todo lo que jugamos ahora, y punto. La cosa es... la comparación. Quizá con Resident Evil, por el mal rollo y tal. Quizá con Half Life, por eso de disparar a cosas y que haya puzzles. Pero con un plataformas para todos los públicos... hay que ser retrasado.

Todo esto me hace preguntarme, ¿por qué la gente tiene esta actitud tan estúpida que ya me ha hecho rechazar a juegazos como Final Fantasy VII? Creo que es sencillo. Todo el mundo, por pura prepotencia, busca hacer algo intelectual de su afición. Unos del fútbol, otros de leer sobre no se qué primo de un sobrino de un conde. Los videojuegos no se libran, y el mejor modo de hacer "arte" de una forma de expresión es competir por ver quién escoge mejor al "mejor de todos los tiempos". Actualmente ni una sola revista o web de crítica se libra de esta pretensión de "elegir al mejor". Es duro darse cuenta de que ver un cuadro no es lo mismo que hacer un cuadro. Por mucho que digas qué videojuego es el mejor, no vas a formar parte del supuesto arte. Sólo los creadores de videojuegos serán artistas, si es que el videojuego es o llega a ser arte.

Tuve esta experiencia hace poco, cuando Meristation muy amablemente me tuvo en cuenta para realizar la "autopsia" de Vagrant Story (en respuesta a muchos de los que comentaron el texto, a mí tampoco me gusta el término "autopsia", pero es lo que había). Considere o no los videojuegos como arte, Vagrant Story me hizo preguntarme por primera vez si podían serlo - y en gran medida es responsable de mi deseo de desarrollar videojuegos. Me dí cuenta de que experimenté una sensación extraña al escribir aquél artículo, y eso se confirmó meses después, cuando un amigo buscó mi nombre en Google y salieron montones de comentarios citando mi texto. De algún modo, sentí una vanidad y una arrogancia en mí, como si al escribir ese texto hubiese participado de la grandeza de un juego así.

Si lo pienso, no me molesta. Vagrant Story pertenece a ese linaje maldito de Squaresoft en los últimos años de PSX: juegos como Chrono Cross o Parasite Eve 2, de enorme calidad y que quedaron injustamente eclipsados por Final Fantasy VII y VIII (IX, irónicamente, también se puede considerar parte de los eclipsados). No creo que los videojuegos sean arte, pero creo que pueden serlo y mi modo de empujarlos a ello siempre ha sido reivindicar los juegos más raros, desconocidos y bellos.

Los videojuegos estarían mucho más cerca de ser algo bello si los críticos se centrasen en tratar cada juego individualmente y con justicia en lugar de tratar de aspirar a la grandeza que sólo unos pocos desarrolladores realmente alcanzan.

También es que yo soy un poco snob, qué se le va a hacer.

lunes 27 de agosto de 2007

Prólogo

Con el tiempo, me he dado cuenta de que comenzar un proyecto de publicación online (como este mismo) es una especie de placer culpable. Siempre siento el mismo cosquilleo de emoción por la primera entrada. Incluso siento esa misma sensación por el mero hecho de crear cuentas en algún cliente de blogs, foro, etc.

Estoy registrado en cientos de foros (de los cuales en sólo tres he contribuido de manera significativa), he comenzado innumerables blogs (¡alguno de ellos llegó a tener más de diez entradas!) y tengo dos cuentas de DeviantART muriéndose de risa. Y no quiero ni pensar en el verdadero orgasmo que sentiré si alguna vez me registro en Wikipedia - ¡siempre puede que sea el último! Y siempre está ahí, amenazante y recortado contra el horizonte, mi gran proyecto vital: Tales of Critical Damage, que ya comencé en varias ocasiones sin demasiado éxito. ¿Tendré alguna vez la posibilidad de dedicarme por entero a ello?

Supongo que la razón por la que nunca he llegado a mantenerme de manera continuada en estos proyectos ha sido que rápidamente intento asociarlos a una especie de periodicidad diaria, asociada con mi vida privada. Y sinceramente, no soy un hombre de diarios - tengo semanas enteras en las que no pasa una sola cosa.

Así que voy a probar a tomar una aproximación más factible, orientada a artículos en los que despotricaré de aquello que desprecio, me preguntaré qué cosas respeto y todo eso.

Y por fin, ¡nada de inglés! Se acabaron las pretensiones de universalidad, me temo.