Es obvio que el desprecio no nos lleva a ningún sitio. No es algo bueno. ¿Y eso por qué?
Os lo voy a demostrar. Generalmente, cuando a alguien se le da muy bien algo que todo el mundo aprecia y admira, esa persona es por extensión apreciada y admirada, y se convierte en un ganador.
A mí se me da bien despreciar. Lo hago instintiva y despiadadamente, empezando por el mero "no he visto esa película" a películas que probablemente sí he visto, simplemente por restarles relevancia. En cuanto diez personas alrededor de mí adoran algo, generalmente yo estoy dando pequeñas y sangrantes estocadas a ese objeto de su admiración. También lo hago bastante bien a gran escala - asesto puñaladas cargadas de veneno a colectivos enteros, incluso a muchos a los que supuestamente pertenezco. Sin embargo, yo todavía no me he tirado a la jefa de las animadoras ni he sido el rey del baile de graduación. Quelle horreur!
Como podéis ver, el desprecio no nos lleva a nada bueno como tal, o al menos según la concepción socrática del bien. Menos mal que uno tiene fantasías eróticas sobre recitar El Anticristo de Nietzsche desnudo delante de un montón de amazonas paramilitares nazis. (Ya hablaré sobre fantasías en otro momento...)
Cambiando de tema en forma (que no en fondo), voy a pasar a hablar de uno de mis temas favoritos: videojuegos.
¡Ha salido Bioshock! ¡El NINTENDO BIOSHOCK! Si tu hijo mira a la línea electromagnética del NINTENDO BIOSHOCK se endemoniará. Bromas aparte, Bioshock es grande. No he podido jugarlo (sólo he podido ver los primeros compases del juego, por fortuna corriendo en un equipo que lo llevaba al máximo de su configuración con mucha dignidad), pero es evidente que ahí hay un esfuerzo de producción difícil de ver en juegos no japoneses.
La crítica gamer en general parece bastante más apasionada que yo, en todo caso. Unos afirman que se trata por fin del legítimo heredero de la saga System Shock (despedazaré a esos blasfemos diciendo "L-look at you, iiinsect"), otros que es el mejor shooter de todos los tiempos, y otros que está muy por encima de Super Mario 64. De todo el cúmulo de despropósitos, el más divertido es -por supuesto- el último. Pero los analizaremos todos.
Yo esperaba similitudes tangenciales con System Shock, y las hay. Registras cosas para conseguir objetos, pirateas máquinas para que te ayuden, hay ciertas posibilidades de mejora del personaje, y tienes poderes (en este caso más bien dados por alteración genética que por capacidad psiónica). Pero no nos engañemos: todo orientado a matar enemigos más eficazmente. El sigilo no es en general una opción, y no existen soluciones no lineales a las situaciones individuales. La era de System Shock ha terminado, y por una razón simple: los derechos de esta saga los tiene Electronic Arts. Yo no contendré mi aliento para ver un System Shock III, o al menos uno bien hecho.
Bioshock es cuanto menos sorprendente como shooter. ¡No transcurre en la jodida Segunda Guerra Mundial! Sólo por eso se merecen ya un premio. Pero además tiene una semblanza de diseño: hay argumento, y los escenarios, enemigos y armas responden a él. Todo hecho con bastante gusto. Hay mensaje por todas partes, reflexiones sobre la deshumanización del capitalismo y todas esas cosas intelectuales. Y no estoy seguro de hasta qué punto es un defecto el que no disponga de multiplayer: nos ahorran otra secta. Pero sinceramente, no aporta nada al género en términos jugables. Y además ha habido recientemente shooters sin temática bélica igual de impresionantes: me preocupa en particular lo rápido que está olvidando la gente a Prey, su largo y tortuoso desarrollo y el excelente resultado en todos los sentidos.
Finalmente, está Super Mario 64. No voy a debatir si Super Mario 64 es el mejor videojuego de todos los tiempos o no - no me importa. Sé que es la base de casi todo lo que jugamos ahora, y punto. La cosa es... la comparación. Quizá con Resident Evil, por el mal rollo y tal. Quizá con Half Life, por eso de disparar a cosas y que haya puzzles. Pero con un plataformas para todos los públicos... hay que ser retrasado.
Todo esto me hace preguntarme, ¿por qué la gente tiene esta actitud tan estúpida que ya me ha hecho rechazar a juegazos como Final Fantasy VII? Creo que es sencillo. Todo el mundo, por pura prepotencia, busca hacer algo intelectual de su afición. Unos del fútbol, otros de leer sobre no se qué primo de un sobrino de un conde. Los videojuegos no se libran, y el mejor modo de hacer "arte" de una forma de expresión es competir por ver quién escoge mejor al "mejor de todos los tiempos". Actualmente ni una sola revista o web de crítica se libra de esta pretensión de "elegir al mejor". Es duro darse cuenta de que ver un cuadro no es lo mismo que hacer un cuadro. Por mucho que digas qué videojuego es el mejor, no vas a formar parte del supuesto arte. Sólo los creadores de videojuegos serán artistas, si es que el videojuego es o llega a ser arte.
Tuve esta experiencia hace poco, cuando Meristation muy amablemente me tuvo en cuenta para realizar la "autopsia" de Vagrant Story (en respuesta a muchos de los que comentaron el texto, a mí tampoco me gusta el término "autopsia", pero es lo que había). Considere o no los videojuegos como arte, Vagrant Story me hizo preguntarme por primera vez si podían serlo - y en gran medida es responsable de mi deseo de desarrollar videojuegos. Me dí cuenta de que experimenté una sensación extraña al escribir aquél artículo, y eso se confirmó meses después, cuando un amigo buscó mi nombre en Google y salieron montones de comentarios citando mi texto. De algún modo, sentí una vanidad y una arrogancia en mí, como si al escribir ese texto hubiese participado de la grandeza de un juego así.
Si lo pienso, no me molesta. Vagrant Story pertenece a ese linaje maldito de Squaresoft en los últimos años de PSX: juegos como Chrono Cross o Parasite Eve 2, de enorme calidad y que quedaron injustamente eclipsados por Final Fantasy VII y VIII (IX, irónicamente, también se puede considerar parte de los eclipsados). No creo que los videojuegos sean arte, pero creo que pueden serlo y mi modo de empujarlos a ello siempre ha sido reivindicar los juegos más raros, desconocidos y bellos.
Los videojuegos estarían mucho más cerca de ser algo bello si los críticos se centrasen en tratar cada juego individualmente y con justicia en lugar de tratar de aspirar a la grandeza que sólo unos pocos desarrolladores realmente alcanzan.
También es que yo soy un poco snob, qué se le va a hacer.
martes 28 de agosto de 2007
lunes 27 de agosto de 2007
Prólogo
Con el tiempo, me he dado cuenta de que comenzar un proyecto de publicación online (como este mismo) es una especie de placer culpable. Siempre siento el mismo cosquilleo de emoción por la primera entrada. Incluso siento esa misma sensación por el mero hecho de crear cuentas en algún cliente de blogs, foro, etc.
Estoy registrado en cientos de foros (de los cuales en sólo tres he contribuido de manera significativa), he comenzado innumerables blogs (¡alguno de ellos llegó a tener más de diez entradas!) y tengo dos cuentas de DeviantART muriéndose de risa. Y no quiero ni pensar en el verdadero orgasmo que sentiré si alguna vez me registro en Wikipedia - ¡siempre puede que sea el último! Y siempre está ahí, amenazante y recortado contra el horizonte, mi gran proyecto vital: Tales of Critical Damage, que ya comencé en varias ocasiones sin demasiado éxito. ¿Tendré alguna vez la posibilidad de dedicarme por entero a ello?
Supongo que la razón por la que nunca he llegado a mantenerme de manera continuada en estos proyectos ha sido que rápidamente intento asociarlos a una especie de periodicidad diaria, asociada con mi vida privada. Y sinceramente, no soy un hombre de diarios - tengo semanas enteras en las que no pasa una sola cosa.
Así que voy a probar a tomar una aproximación más factible, orientada a artículos en los que despotricaré de aquello que desprecio, me preguntaré qué cosas respeto y todo eso.
Y por fin, ¡nada de inglés! Se acabaron las pretensiones de universalidad, me temo.
Estoy registrado en cientos de foros (de los cuales en sólo tres he contribuido de manera significativa), he comenzado innumerables blogs (¡alguno de ellos llegó a tener más de diez entradas!) y tengo dos cuentas de DeviantART muriéndose de risa. Y no quiero ni pensar en el verdadero orgasmo que sentiré si alguna vez me registro en Wikipedia - ¡siempre puede que sea el último! Y siempre está ahí, amenazante y recortado contra el horizonte, mi gran proyecto vital: Tales of Critical Damage, que ya comencé en varias ocasiones sin demasiado éxito. ¿Tendré alguna vez la posibilidad de dedicarme por entero a ello?
Supongo que la razón por la que nunca he llegado a mantenerme de manera continuada en estos proyectos ha sido que rápidamente intento asociarlos a una especie de periodicidad diaria, asociada con mi vida privada. Y sinceramente, no soy un hombre de diarios - tengo semanas enteras en las que no pasa una sola cosa.
Así que voy a probar a tomar una aproximación más factible, orientada a artículos en los que despotricaré de aquello que desprecio, me preguntaré qué cosas respeto y todo eso.
Y por fin, ¡nada de inglés! Se acabaron las pretensiones de universalidad, me temo.
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