domingo 7 de octubre de 2007

Ah, the changing times! And the humanity!

Tras este largo intervalo de no actualización (y justo después de mi primera entrada, vamos bien...), vuelvo para divagar un poco sobre todo lo sucedido durante este período que he pasado de inactividad en el género del ensayo - género que comienzo a despreciar profundamente por razones que quizá deje para otra actualización (así ya iré con un tema preparado de antemano).

Muchas cosas han cambiado en el tiempo que he estado sin pasar por aquí. Vuelvo a ser estudiante, y lo que es más: comenzaré a trabajar en breve. Mis perspectivas son en realidad poco halagüeñas: me hallo ante un sombrío futuro con dos horas de vida para cada día de diario, y quizá demasiado cansancio para disfrutar las noches de fin de semana.

Pero esto es lo que hay: no puedo abandonarme eternamente al estilo de vida estático que he llevado estos últimos tiempos; y la tensión, los peligros y los nervios de la situación que se me avecina me hacen sentir más vivo que nunca. Cuanto menos tiempo me queda, más ideas tengo y mayor fuerza de voluntad para hacerlas realidad.

Actualmente me hallo estudiando un curso de creación gráfica en una escuela madrileña. Sólo llevo una semana ahí, pero por fortuna el ambiente es agradable: los profesores son simpáticos y ya he hecho migas con un par de compañeros. Empiezo en una ligera desventaja frente a otros compañeros: mi estilo de dibujo tiene un aspecto bastante primerizo comparado con algunos alumnos, pero lo cierto es que a cada día que pasa me siento más diestro con los lápices y con mayor voluntad de experimentar y crear cosas.

Por desgracia, mi trabajo -si bien en sí mismo tiene unas condiciones que me son bastante más satisfactorias que las del anterior puesto- unido a mis necesidades de sueño y mi horario de clases, deja mi franja de actividad libre en diario en un total de cuatro horas, en las que realmente estoy muy cansado como para poder dedicarme a cualquier otra cosa con una concentración adecuada. Veremos cuánto tiempo aguanto -o me aguantan- en el puesto actual, no sé.

Por supuesto, he tenido que despedirme ya de ciertas cosas. Una baja importante son las clases de japonés: nunca las tuve de una manera muy estable pero fueron muy divertidas y aprendí muchísimo con mi profesora, a la que echaré bastante de menos (¡un besazo!). Mis idas y venidas con mis compañeros de andadas en Marmotfish se verán bastante más limitadas, imagino. Dudo mucho que vaya a dejar de verles, sin duda - pero ya he tenido que anular mi presencia en ciertas actividades que hasta ahora había llevado a cabo con ellos de manera más o menos regular (para el tiempo que llevo colaborando con ellos).

Nuevos tiempos, nueva gente - o no tan nueva. Conocidos a los que llevaba años -literalmente- sin ver o hablar por unas causas u otras, han aparecido de nuevo en mi vida con distintas consecuencias. Unos de cerca, otros de tan lejos como Hong Kong. No me parece bueno dejar de mantener contacto con gente, pero hay cierto placer inherente a ver cuánto cambian ciertas personas -las que me gustan- en relativamente poco tiempo. Es algo de lo que no me doy cuenta fácilmente cuando "convivo" con ellos y que me gusta apreciar. Me halaga asímismo que la gente que no me ha visto en mucho tiempo me encuentre cambiado: a mis ojos una persona inmutable es poco mejor que un cadáver. Hay alguna gente realmente nueva, como los dos o tres compañeros que he conocido en la escuela. No puedo decir mucho de ellos, salvo que son simpáticos y una compañía agradable a la hora de enfrentarse a los etéreos requerimientos de la creación artística (oh-là-là!).

Tantos cambios tan drásticos... pero creo que estaré a la altura de ellos. Me dejo cosas por comentar: me gustaría haberos hablado de cosas más etéreas o de videojuegos (Stranglehold es genial y los sietes de la prensa no hacen justicia a la sensación de puro poder que te invade en controlar a Chow Yun-Fat, empapándose de la sangre de sus enemigos y repitiendo el papel que iba en sus genes). Pero bueno, así habrá actualizaciones.

Quizá en otra semana, ¡quién sabe!

2 comentarios:

Noël Lacourse dijo...

De repente, leyéndote, me he acordado de cierto infante muerto siglos ha, y no me refiero a los de sangre real, sino a los que cuentan aún pocos años.
En particular, uno con una nada envidiable habilidad para meterse en situaciones comprometidas -aunque yo siempre he creído que éso no es más que la marca de ser joven y, por supuesto, bonito-, y una curiosa perspectiva de la realidad.
Estoy hablando de ése que escribió aquello de "antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que se abrían todos los corazones y se escanciaban todos los vinos", ése.
¿Cumplido o injuria?
À vous de voir.

Enrique Corrales dijo...

Supongo que no deja de haber algo halagador en evocarte a un infante muerto hace varios siglos, ¿no?

No dejaré de brindar con el vino de mi corazón, y espero que con la misma buena compañía que las últimas calendas me han concedido. Prometo no tomar nada de color azul en algún local con ambientación de cine español más tarde.

Quién me mandaría.